2016-01-18

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Algo sobre el Low de David Bowie*



























Por Antonio Jesus Reyes. 

El chico de Brixton que oyó “la voz de Dios” en la de Little Richard, pasó del rugido mod al music hall pop de psicodelia florida, y luego a ser un Bob Dylan eléctrico y lisérgico que se tornó en músico cada vez más y más eléctrico hasta ser un ente del espacio exterior, un tal Ziggy Stardust (o un tal Aladdin Sane, al pasar por EEUU) para mutar a ser Halloween Jack, trovador rock que se convirtió en cantante de soul de ojos azules, que acabó siendo el delgado Duque Blanco, un superhombre ario sin emociones, y al fin y al cabo, un artista adicto a los pimientos rojos, la leche y la cocaína. La solución no debería haber pasado por marcharse a Europa para seguir creando, eso resultó ser como apagar fuego con gasolina, pero prendiendo unas llamas que el tiempo no ha extinguido.

Era junio de 1976. El primer destino, un sitio conocido; Château d'Hérouville, una casa de campo cerca de París, lugar elegido tres años antes para que Bowie grabara el álbum de despedida de sus Arañas Marcianas, el disco de versiones Pin-Ups. El lugar era conocido por otros artistas como Gong, Elton John, Jethro Tull o Pink Floyd, y había leyendas acerca de la mansión, del fantasma de Chopin rondando sus pasillos, y quizá el de Van Gogh también, enterrado no muy lejos de sus muros. Pero había alguien más tangible con Bowie, otro espíritu  creativo muy vivo, un amigo del asfalto de nombre Iggy Pop, ya con su banda, The Stooges, ya cada vez más en el olvido. Iggy marca el momento cero de la creación de Low; The Idiot (1977) se grabó en el mismo lugar y casi con los mismos músicos. The Idiot resultó ser una colección de grandes canciones con las que experimentar usando la electrónica y buscando nuevos sonidos. La exploración acabó siendo uno de los discos más influyentes de las siguientes décadas, ineludible en la carrera de la iguana de Detroit. Para grabarlo, acabaron en Berlín, en los estudios Hansa, habiendo pasado antes por Múnich. Durante la grabación de The Idiot, también se trabajó en Low.

En ese mismo mes de agosto, Bowie contó con otro viejo conocido para comenzar la grabación de Low, Tony Visconti, el hombre que se negó a producir uno solo de los temas de su álbum de 1969, la mítica “Space Oddity”, pero que ya le había acompañado en muchos de sus discos más importantes. Para completar el cuadro, Brian Eno, el bicho más raro de Roxy Music, autor de discos de títulos insospechados como “Música Discreta” o “Música para Aeropuertos”, que también como Bowie, estaba interesado en los nuevos sonidos que emergían de una nueva Alemania, sonidos de una juventud que quería borrar el pasado de su país como si de una cinta magnética se tratara con la música de lo que se llegó a llamar Krautrock, de los que entre ellos estaban Neu, Tangerine Dream o Kraftwerk. De los once temas, ocho se grabaron allí en Francia en dos semanas y media bajo un título que acabaría siendo provisional, New Music: Night and Day, de ahí que el álbum esté dividido en dos partes; Cara A, rodeada de dos instrumentales, contiene canciones más al uso, aunque innovadoras, de letras rotas y repetitivas llena de angustia y deseo. La Cara B, temas instrumentales entre lo ambiental y el gregoriano, con palabras esparcidas, otras inventadas. No obstante, en Château d'Hérouville, los problemas se amontonaban. Algunos eran de naturaleza sobrenatural, otros más mundanos, como intoxicaciones alimentarias, discusiones con los dueños del lugar, y la que pronto sería ex esposa de Bowie buscando problemas. Buenos momentos, como acabar el día viendo Faulty Towers aliviaban pero no resolvían nada. Había que buscar otro lugar.

La siguiente parada fue de nuevo la temblorosa Berlín, aun con su muro de la vergüenza presente. Con una nueva adicción, la heroína, continuaba una nueva carrera en una nueva ciudad, en su lado este, un septiembre de  1976. Iggy Pop y Bowie se alojaron en el número 155 de Hauptstrasse. En los estudios Hansa, Bowie, Visconti y Eno estaban dispuestos a remezclar lo hecho y grabar temas nuevos, con la visión de conseguir un producto distintivo. Los tres creadores representaban tres factores decisivos en juego: Bowie y su declive físico, mental y social, Brian Eno con su impronta de sintetizadores y nuevas técnicas compositivas, y la experiencia de Visconti. Bowie buscaba crear sin compromiso alguno reflejar cómo se sentía, sin importarle si el éxito, cuenta Tony Visconti. Brian Eno traía consigo sus tarjetas de “Estrategias Oblicuas”, que sacadas al azar, daban instrucciones de cómo aproximarse a las canciones, obviando el estilo en el que habían forjado a la hora de componerlas. Estas tarjetas se entregaban a los músicos sin que los demás las vieran hasta acabar la sesión, dando a veces directrices diametralmente opuestas. Visconti como productor estaba más que preparado, y añadió más de una innovación a la grabación. Sin embargo, la huella creativa es de Bowie y Eno. No sólo se reunieron previamente para discutir cómo sería la grabación, en cuanto a la composición, prácticamente toda de Bowie, ambos comparten crédito en dos temas. Además, el sonido de Low es deudor del sonido y la idiosincrasia de  Eno, sólo hay que comprobar sus trabajos anteriores a este. El tiempo sigue sin darle la razón que no tiene a Visconti.

Los temas de Low son los siguientes:
“Speed of Life”
Es el instrumental que abre la Cara A. Quedó sin letra en el último momento. Comienza con un súbito fundido de entrada y un riff de guitarra acompañado de la distorsión descendiente de sintetizador. Adelanta el espíritu de esta cara del disco.

“Breaking Glass”
Uno de los temas más cortos de Bowie, casi se diría que es un extracto. La letra sale de las experiencias previas al divorcio de Bowie, y de sus experiencias cabalísticas.

“What in the World”
Adornada por la siniestra voz de Iggy pop de fondo, y aun siendo uno de los temas más optimistas, “What in the World” refleja el deseo de aislamiento enfrentado con el amor sin máscaras con nombre que sustituyan al de David Robert Jones. Junto a la siguiente canción, trata del bloqueo creativo de Bowie en esa época, problema al que Eno le supo dar la vuelta, volviendo de esta forma, así es Brian Eno, cualquier circunstancia en ventaja.

“Sound and Vision”
Lo que parece un tema instrumental como el que abría esta cara del disco, tras los coros de Bowie seguidos de los de Mary Hopkin (“Those were the Days”), esposa por aquel entonces de Visconti, se torna al minuto y medio en lo que fue, una canción poco usual, pero pop, que la hizo merecedora de ser el primer single de Low, aunque sólo número tres en la lista de ventas inglesas. Pasa el tiempo, y las cifras de ventas cada vez importan menos.

“Always Crashing in the Same Car”
Trata de cometer el mismo error una y otra vez, una metáfora salida de la vida real, con un Bowie buscando sustancias ilegales en el aparcamiento de un hotel.

“Be my Wife”
Para Bowie, esto es una petición de matrimonio a “cualquier persona”, para otros, una última manera de revivir su matrimonio. En cualquier caso, en lugar de una canción emotiva, Bowie la interpreta, también en su videoclip, de una manera deshumanizada, en contraste con la letra, que trata de echar raíces después de mucho tiempo de soledad y viajar de un lado para otro. Pura ironía.

“A New Career in a New Town”
Aunque instrumental, su título y el optimismo que refleja hace pensar en que es autobiográfico, expresando nuevos y mejores tiempos en Europa con los sintetizadores de Eno, y Bowie a la armónica.

 “Warszawa”
Es el tema que abre la Cara B, la nocturna, de Low. En ausencia de Bowie por su otro divorcio, con su anterior representante, Eno se quedó en Château d'Hérouville preparando la base de “Warszawa”. Sólo tenía una instrucción, crear algo “muy emotivo, de ambiente religioso”, y Eno lo hizo a partir de cuatro notas que el hijo de Tony Visconti, de cuatro años, tocaba jugueteando con un piano del estudio sin parar. Bowie intentaba expresar así el lóbrego paisaje de Polonia, aún tocada por la guerra, que pudo ver desde el tren y a pie por el distrito de Żoliborz de Varsovia. El primer nombre que Joy Division tuvo, era un homenaje a esta canción.

"Art Decade"
Uno de los temas en los que más se nota la impronta de Brian Eno, que lo salvó de ser sólo una maqueta. Deudor de “By the Riverside” de los alemanes Harmonia y Eno, los diez segundos de percusión dan paso a una melodía bien marcada. Es, de nuevo, la reacción de Bowie ante ciertos lugares. De este modo, "Art Decade" expresa la decadencia del Berlín occidental, de su arte y su cultura.

“Weeping Wall"
Inspirado por la aflicción que suponía ver el Muro de Berlín. El instrumental tiene como base un vibráfono y un xilófono. La música se va acumulando, al modo minimalista.

“Subterraneans”
Tiene su origen en la banda sonora de El Hombre que Cayó en la Tierra, que Bowie había protagonizado recientemente. Por cuestiones de tiempo, se prescindió de Bowie para crear la música de la película, habiendo este comenzado a trabajar en los temas. En Low, supone la contrapartida a “Art Decade”; representa el lado oriental de Berlín, la gente que quedó allí después de que se construyera el muro, con “La ligera melodía de los saxofones representando aquello que una vez fue”.

Estas son las canciones de un álbum que no tenía visos de aparecer. Los pasos firmes de sus creadores no tenían una intención clara de publicarlo a menos que estuvieran todos plenamente satisfechos. Desde la discográfica hubo sobornos y zancadillas. Sin embargo, en enero de 1977 las grabaciones aparecieron finalmente bajo el título de Low. En su portada, aparece Bowie caracterizado aún de Thomas Jerome Newton, el extraterrestre de El Hombre que Cayó en la Tierra. La portada esconde un juego de palabras. Bowie aparece de perfil, con el título sobre su cabeza; “low profile” en inglés significa pasar desapercibido. De hecho, el álbum fue su trabajo menos comercial hasta el momento, y además no trajo consigo gira de Bowie, que sí salió con Iggy Pop a los teclados para presentar The Idiot. De todos modos Bowie era consciente de la importancia de Low en su carrera y en su vida; Low le ofreció “todo un mundo de alivio, un mundo del que quería ser parte. Brillaba con una espiritualidad pura que no había estado presente en mi música durante un tiempo. De hecho, me había obsesionado con la oscuridad”. El eco de este sentimiento lo expresaría así en 2001: “Percibo optimismo a través del velo de la desesperación de Low. Puedo escucharme en él luchando por recuperarme”.

Low se convirtió en un triunfo creativo y comercial. Llegó al número dos en Inglaterra y al once en EEUU pese a un aluvión de críticas desfavorables, que no supieron asimilar esta mezcla de pop, electrónica y minimalismo. Low supone una de las grandes contribuciones de Bowie a la evolución musical, mirando hacia atrás para avanzar arriesgándolo todo. El legado de Low influyó, y mucho, en las bandas electrónicas de los años venideros.

Tantos aciertos a pesar de tantas vicisitudes hicieron que la historia, el sonido y las colaboraciones de Low continuaran esparcidas en el tiempo. Casi inmediatamente, produjo y compuso de nuevo para un segundo álbum con Iggy Pop, otro enorme acierto de gran calado llamado Lust for Life (1977), cien por cien Berlinés. Los dos siguientes álbumes de Bowie, “Heroes” y Lodger (1977 y 1979), se grabaron de nuevo con Brian Eno y Tony Visconti, formando lo que se llamaría Trilogía Berlinesa… no tan berlinesa; el primero sí se creó íntegramente en Berlín, el segundo entre Suiza y Nueva York. Sobre todo “Heroes” sigue la senda de Low, y su influencia y permanencia es igual de grande. Los ecos del episodio experimental con Brian Eno todavía continuarían en Scary Monsters and Super Creeps (1980), de nuevo con Visconti, pero sin Eno. No fue hasta 1991 cuando una reedición en CD destapó por primera vez dos temas de Low, la lúgubre “All Saints”, y la que podría haber sido la coda ideal al álbum, “Some Are”. Bowie y Eno volvieron a grabar juntos creando el oscuro y fragmentario diario del detective Nathan Adler, 1.Outside (1995). Por ironías de la vida, una de las primeras influencias de Brian Eno, Philip Glass, grabó un álbum construyendo una sinfonía en su idioma con tres de los títulos de las sesiones de Low, Symphony No. 1 "Low", y más adelante, seis de “Heroes”, Symphony No. 4 "Heroes". Las colaboraciones con Visconti se retomaron tras veintidós años con Heathen (2002), Reality (2003) y The Next Day (2013), y este mismo mes, como adelanto a un recopilatorio se ha publicado "Sue (Or In A Season Of Crime)". En 2013 también, una agradabilísima sorpresa llegó con un anuncio de telefonía móvil en forma de una suave remezcla de “Sound and Vision”, que dejaba atrás la instrumentación original en favor de solamente un piano y reteniendo las voces de Mary Hopkin y Bowie grabadas en aquel 1976.

Esta es la huella de Low, una, pero no una más de las de Bowie. No está mal para un muchacho que Brixton que acababa de cumplir los treinta. Muchos no han conseguido ni la mitad con una carrera de décadas en la música. Y a Bowie aún le han de quedar barajas de ases en la manga…

*Texto aparecido en el número de Octubre del 2014 de la revista electrónica Decireves, lo volvimos a reproducir con el permiso del autor como adelanto a un mini especial de David Bowie.

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